El Momento Esperado

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Despertar a las cinco de la mañana en un sábado nunca será tan fácil como en esta época. A pesar de la baja temperatura te levantas como teniendo un resorte en la espalda. Te cambias, poniéndote la vestimenta adecuada para la ocasión sin olvidar tu prenda de la suerte; te diriges a calentar agua para preparar café y después pasas a realizar las necesidades del cuerpo aparte de un poco de higiene para andar a gusto.
Sales, te diriges al vehículo con tu arma, tus tiros, algunas provisiones para aguantar el hambre ya que no desayunaste para no perder valioso tiempo en el monte; revisas dos veces que traigas todo y listo, te adentras en el monte a tu lugar favorito previamente estudiado y bien escogido con tiempo de sobra.
Ya camino al espiadero, todavía oscuro y cargando con muchas cosas, sabes que ese será el día bueno y te imaginas escenarios de como quisieras que fuera el momento esperado…
Con forme sale el sol, todas las sombras y ramas moviéndose con el viento te hacen perder el aliento imaginándote un venadon, solo para desilusionarte a la hora de “meterle” el lente.

Pasan las horas y te desesperas, te dan ganas de pararte e ir a caminar aun sabiendo que no sería la mejor idea, pero tal vez por el frio entumiendo tus pies o la decepción de no ver nada hasta el momento, te dispones a moverte pero al levantar la mirada ves un bulto sobre la brecha que antes no estaba; Una venada aproximadamente a 150 metros! Y volteando hacia el monte por la vereda donde salió y con tu experiencia sabes lo que eso significa; al poco tiempo sientes la adrenalina al ver que las ramas se mueven y respiras de nuevo tranquilo al ver que solo es su cría, bajas la guardia, levantas un poco la cabeza y ves brillar entre el monte las astas de un venado justo detrás de la venada y su cría. Aun antes de meterlo en la mira sabes que es el venado que tanto has esperado, la adrenalina hace que empiece la “tembladera” cuando el venado se para en
medio del camino. Sin necesidad siquiera de contarle los picos, la cruz va dirigida al codillo, tratas de calmarte, inhalas y…


– El momento que esperaste todo el año, por lo que fuiste al rancho aun a cuarenta grados
o a uno, gastando tiempo y mucho dinero, limpiando brechas y acondicionando el rancho
para la cacería, también aguantando el: “ay vas otra vez al rancho” de tu novia, tu esposa
o tus amigos y también tantas horas alineando tu mira y practicando con el rifle… –
PUM… Sobre sus huellas!

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